jueves, 29 de octubre de 2009

niveles de lectura

La lectura se ubica en el proceso de comprensión, se identifican tres etapas: etapa previa o prelectura, etapa de lectura y etapa de poslectura.
Etapa previa o prelectura: Ésta es más una primera aproximación a las características y al contenido del texto, que una lectura propiamente dicha. El objetivo de este paso previo, obligatorio para cualquier otro tipo de lectura, es conocer la calidad del texto en relación con nuestros intereses y propósitos: si nos sirve, si trata el tema, en qué extensión, qué " dirá, si lo entenderemos, si es lo que se busca, etc.
Para realizar una prelectura se puede tomar como punto de partida la técnica de la "cala de libros" ahorra tiempo, dinero y esfuerzo, pues uno de sus fines es precisamente asegurar al lector el acierto en su elección del texto. Esta tarea se realiza durante tres a diez minutos, según la extensión, mediante la observación y el análisis rápido de aspectos, como los siguientes:
4. Títulos y subtítulos, que nos sitúan en el área, asignatura y tema.
5. Autor, del cual es útil saber si es o no conocido, sus trayectorias y experiencias.
6. Traductor, si lo hay.
7. Edición, si hay más de una.
8. Datos de pie de imprenta: ciudad, fecha de publicación y editorial. La fecha importa mucho pues en ciertos temas nos da el índice de actualización.
previas, especialmente:
Fijar claramente el propósito de la lectura.
Analizar el contexto: quién y cuándo escribió el texto, con qué propósito, a quién
se dirigió, etc.
Anticiparse a la lectura: por ejemplo, responder preguntas sobre el tema o sobre lo
que cree que va a encontrar en el texto.
Etapa de lectura: La acción central o lectura propiamente abarca tres grandes tareas: captura, organización y reducción de información, reconocimiento de relaciones internas y externas; y, recuperación y reproducción. Precisemos brevemente a qué se refiere cada una.
Captura, organización y reducción de información: capturar es lo mismo que aprehender o descubrir los contenidos del texto, sobre la base previa de una descodificación de las palabras, frases, oraciones, títulos, dibujos, fotografías, gráficas y demás signos pertenecientes al escrito. Según el nivel de profundidad y el tipo de lectura, dicha labor exige un trabajo de reducción y selección de información y una acción de ordenamiento, en busca de la macroestructura textual. El resultado puede ser un esquema o mapa, siempre hipotético, que muestre la radiografía de lo que se supone tuvo en mente ¡nidalmente el autor.
Reconocimiento de relaciones internas y externas: es necesario confrontar lo logrado hasta el momento con la globalidad del escrito para determinar relaciones de coherencia lineal y coherencia global. Entonces, el lector se preguntará si hay secuencia lógica, si se encuentran vacíos o cortes bruscos en la presentación de la información, si es completa o incompleta, si hay orden, si se establecen relaciones, etc.
Desde una mirada externa, el lector cotejará la información que va capturando con otros puntos de vista, como los de otros autores, temas, afines, otras fuentes, inferencias o aplicaciones, etc. También se preguntará si hay coherencia con la realidad o con el marco que le corresponde o si se dan conflictos lógicos, históricos, socioculturales. Por ejemplo, lo dicho por el autor puede chocar contra la realidad circundante, las normas, costumbres y valores vigentes, etc.
Recuperación y reproducción: en fin, algo fundamental en el proceso central de lectura es sacar en claro qué queda, qué vale la pena guardar en la memoria a largo plazo o en medios tecnológicos, y a qué conclusión se llega, según el propósito y los intereses del lector. Y, como bien lo sugiere Van Dijk, vale la pena que el lector intente reescribir el texto, es decir, reproducirlo con sus propias palabras y estilo. Será una gran sorpresa, pues de pronto lo que resulte será una nueva pieza escrita.
Etapa de poslectura o evaluación
El diálogo es con el autor y consigo mismo, a través de una lectura activa y no pasiva. Conviene mirar, con la mente alerta, atenta y vigilante, y no únicamente ver, entendido éste como una función fisiológica. Permitir en todo momento que susciten interrogantes: ¿Qué quiere decir? ¿Cómo se define? ¿Qué sigue? ¿Por qué dice esto? ¿Será asi? Con base en el proceso adelantado, acompañado de una obvia toma de notas, se pasa al diseño del plan global que refleja la macroestructura del escrito, siguiendo alguna técnica aplicable al resumen.
¿Cómo se puede saber si se ha culminado exitosamente la lectura de un texto escrito? ¿Qué señales nos permiten inferir que se ha llegado realmente ai contenido? Las siguientes actividades son indicadores que le permiten evaluar la comprensión, es decir, saber si ha llegado a un grado aceptable de recuperación del contenido de un escrito.
Sintetizar el tema y sus partes: esto es posible elaborando un resumen o esquema con lo esencial. Un resumen, consiste en la ordenación nominal de las ¡deas temáticas presentadas con palabras y oraciones propias del lector. E/ esquema visualiza las ideas temáticas y de desarrollo por medio de numeradores o nomencladores, por ejemplo, la numeración lógica de los títulos que se sigue en este módulo (sistema decimal). También existe la alternativa de combinar números romanos, con letras y números arábigos.
Reconstruir el tema y sus partes estableciendo relaciones, mediante la sinopsis y los mapas conceptuales o mapas mentales. Un cuadro sinóptico se diseña con base en cuadros o círculos, estableciendo relaciones y jerarquías. El mapa conceptual y el mapa mental también se basan en establecer jerarquías y relaciones, con la diferencia de que el primero relaciona conceptos básicos, en cambio, el segundo relaciona elementos nominales (palabras o expresiones) como la sinopsis, pero visualizando con dibujos las jerarquías y relaciones.
Inferir conclusiones: suponiendo causas o derivando consecuencias, ordenando elementos, haciendo analogías o comparaciones, o tratando de llegar a aplicaciones, según el tipo de lectura.
Parafrasear: el lector puede reconstruir el escrito mediante una reproducción, redactando de otra manera, especialmente, si el escrito es corto; una alternativa es completar el texto, si éste está inconcluso.
Resolver un problema: dependiendo del contenido del escrito, el lector puede proceder a aplicarlo en la solución de problemas de la vida cotidiana, laborales, científicos, etc.
Responder un cuestionario: con preguntas cerradas (por ejemplo de selección múltiple) o con preguntas abiertas.
Seguir instrucciones: si se entendió una carta, por ejemplo, es posible dar la respuesta, y si el lector entendió un reglamento, podrá llevarlo a la práctica.
Exponer oralmente: una práctica común es dar a conocer el tema oralmente a otra persona o grupo, siguiendo la técnica de la exposición oral.
Comentar el texto escrito: esto es posible si el lector de manera individual o en grupo expone sus puntos de vista sobre el texto leído, indicando las fortalezas y debilidades del texto, o haciendo valoraciones, por ejemplo, de textos literarios.
Ilustrar el contenido del escrito, es factible representar lo leído con un dibujo con una escultura, con una canción, un video, una dramatización escénica o teatral.
Realizar una actividad: estará relacionada con el contenido de la lectura- por ejemplo, las fichas de autoevaluación de la Unidad 2 suponen la comprensión del texto que les antecede. Las actividades allí implicadas pueden ser orales o escritas, individuales o en grupo, de la biblioteca, del aula de clase o fuera de ella.
Escribir un ensayo: una forma muy elegante es proceder a la escritura de un ensayo, involucrando ideas o conclusiones relacionadas con la temática del escrito leído.

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